miércoles, 3 de enero de 2007

Primera Colucna Evangeniolística

¿Que tal, mis queridas mierditas? ¿Cómo andan? Yo mejor que ustedes, seguramente. Y bueno, aprovecho este espacio para escribirles y cagarlos un poco a pedos porque... Bueno, no sé por qué, pero ya se me va a ocurrir una razón válida.

Antes que nada, no me presenté. Me llamo Pepe, soy un pingüino de agua caliente y vivo en el departamento de Masita junto a Brasuka, Reggae y el pelotudo ese... Sí... El que trata de prender fuego con un pescado desde que se enteró que tienen mucho fósforo... ¿Cómo es que se llama? ¿Sinchi? Bueno... ese.

Ok. El otro día me estaba tomando unos vinos y comiendo unas sándias con estos pibes de Sunchine Estudios, los que hacen este pasquín de cuarta, y palabras van, palabras vienen, me ofrecieron escribir una columna. “¿Yo escribiendo una columna?” - les dije - y después de pensarlo un cacho, acepté, pero con dos condiciones: 1) Ellos ponían el marcador indeleble, y 2) Tenia que ser una columna del teatro colón, o en el peor de los casos, de la facultad de derecho. Yo no estoy para andar escribiendo columnas que nadie conozca.

Cuando se nos pasó el escabio llegamos a la conclusión de que la columna que yo iba a escribir iba a ser un texto a publicar en las páginas de Suigéneris Evangeniol, y no una pieza de arquitectura grecolatina. Dando vueltas sobre el asunto llegamos enseguida a una conclusión mucho más importante: El escabio no se nos había pasado un carajo.

Días más tarde me senté en la maquina de escribir, pero no salía nada. Entonces probé sentarme en una silla ubicada enfrente de la mencionada herramienta dactilográfica, y ahí las cosas resultaron mejor, o sea, pude empezar a escribir esta columna.

Bueno, acá está. No se si les gusta lo que escribo, pero la verdad eso me importa muy poco, se lo bancan y chau. Por lo que a mi respecta, siempre y cuando esta revistucha se siga haciendo, tendrán que soportar mi columna en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza (pobreza subrayado) en la felicidad y en un mar alcalino navegado por monos capuchinos. Por lo menos así lo veo yo.

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